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Entre los síntomas que presentan quienes no logran desconectarse están problemas de sueño, irritabilidad y reacciones desproporcionadas frente a la ausencia de conexión. Macarena Rojas “Me distraigo y salgo de la realidad, es mi vía de escape.

Además, me entretengo y estoy al tanto de todo lo que está pasando”, dice Hortensia Bezanilla, de 26 años, quien prefiere usar ese seudónimo para relatar su peculiar relación con internet.

Confiesa que está todo el día conectada, por trabajo dice, aunque al llegar a su casa lo primero que hace es prender el computador.

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Chile es el séptimo país a nivel mundial en uso de internet. Y el último estudio Wave de la consultora UM, realizado en 62 países, revela que los chilenos pasan en promedio 11 horas semanales en internet. Esto significa poco menos de dos horas al día. Entre los jóvenes de entre 16 y 24 años la conexión semanal aumenta a 12.

Sin embargo, hay muchos que pasan casi todo el día conectados, como es el caso de Hortensia, perdiendo el control de su uso.

“No solo se pasan muchas horas conectados, sino que la mayoría o todas las actividades de su vida giran en torno a la red”, explica Vanessa Cantillano, psiquiatra de la Clínica Alemana.

Una necesidad
“Es súper difícil dejarlo, hubo un tiempo en que ponía el celular en silencio toda la noche, pero a veces me despertaba a las tres de la mañana para ver si me había llegado algún mail o comentario en Facebook”, comenta Hortensia.

El psiquiatra Jaime Santander, de la Universidad Católica, admite que no existe consenso de que internet sea una adicción. “Sin embargo, toda actividad que vaya en desmedro de la vida de las personas, ya sea afectando sus relaciones sociales, estabilidad académica o laboral y la salud física, debe ser tratada como una conducta de abuso”.

Aunque muchos usuarios reconocen que pasan demasiadas horas conectados y desean disminuir el tiempo frente a las pantallas, no admiten un problema. “Con los teléfonos inteligentes uno pasa todo el día mirando el celular. Más que una adicción, es una necesidad”, señala Paulo Muñoz, 29 años, diseñador gráfico. Agrega que por trabajo debe pasar gran parte de su tiempo navegando, pero también reconoce que desconectarse de las redes sociales es más difícil.

En estas conductas es importante diferenciar la necesidad del exceso. “Las personas son incapaces de poner límites. Hay gente que se angustia pensando en la próxima vez que se va a conectar o se irrita y tiene reacciones desproporcionadas si no puede acceder a la red”, dice. Se trata, explica, de pacientes extremos y que, por lo general, tienen otras patologías como depresión o problemas sociales.

Según Sandra Troncoso, directora del Centro Psiquis, que se dedica a la rehabilitación psicológica de distintos tipos de abusos, la adicción a internet acaparó el 14% de las consultas de 2012, y que el trastorno ha ido en aumento de forma sistemática en los tres últimos años.

“Detectamos que muchos motivos de consulta eran la preocupación de algunos padres por la desconexión con la familia que presentaban sus hijos adolescentes”, explica Troncoso, y agrega que, a diferencia de otras adicciones, como el alcohol o las drogas, no hay una neurosensibilización, pero comparte con ellas los principales criterios de diagnóstico: tolerancia, síndrome de abstinencia y búsqueda indiscriminada del estímulo.

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